Por Redacción Pangea IA · 14 de septiembre de 2026
La expansión de la inteligencia artificial tiene un coste material que va más allá de la electricidad y el agua. Un informe publicado el 13 de septiembre por la organización sueca ChemSec concluye que la mayoría de los grandes fabricantes de sustancias PFAS está ampliando capacidad, impulsada en parte por la fabricación de semiconductores y la refrigeración de centros de datos. La novedad abre un frente incómodo: algunas soluciones que permiten concentrar más potencia de cálculo o ahorrar agua pueden trasladar el impacto hacia productos químicos extremadamente persistentes.
El hallazgo no significa que todos los centros de datos utilicen PFAS, que toda la demanda proceda de la IA ni que todos los compuestos de esta familia tengan idéntico riesgo. Sí muestra que la infraestructura digital depende de una cadena química poco visible y que las decisiones que se tomen ahora condicionarán costes ambientales, regulatorios y de sustitución durante décadas.
Qué ha revelado el nuevo informe
ChemSec actualizó el 13 de septiembre su lista de los principales productores de PFAS, elaborada a partir de su base SIN Producers y de documentación pública de las compañías. La organización sostiene que la mayoría está aumentando o preparando aumentos de capacidad. Identifica tres motores de demanda: infraestructura de IA y centros de datos, fabricación de semiconductores y materiales para baterías de ion-litio.
Entre los ejemplos citados aparecen Daikin, que prevé ampliar de forma importante su capacidad de fluoropolímeros para el mercado de semiconductores; Chemours, que promociona nuevos fluidos para refrigeración de centros de datos; y Arkema, que ha abierto una unidad de producción de refrigerantes en Kentucky. ChemSec también señala excepciones: 3M completó a finales de 2025 su salida de la fabricación de PFAS, BASF prevé abandonar determinados productos formulados con estas sustancias antes de 2028 y Archroma comercializa alternativas.
La investigación publicada esta mañana por The Guardian revisó además anuncios corporativos de expansión en Europa, Asia y Norteamérica. Su principal aportación es conectar decisiones industriales dispersas con el crecimiento de la infraestructura de IA. No es una medición directa del volumen mundial de PFAS destinado a inteligencia artificial, un dato que no está disponible.
Por qué chips y centros de datos recurren a estas sustancias
PFAS es el nombre colectivo de miles de sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas. Sus enlaces químicos resisten temperaturas elevadas, humedad, corrosión y reacciones con otros materiales. Precisamente esas propiedades las hacen útiles en procesos industriales exigentes y, al mismo tiempo, muy difíciles de degradar una vez liberadas al medioambiente.
En la fabricación de chips
La fabricación de un semiconductor avanzado requiere numerosas etapas de limpieza, grabado, recubrimiento y control químico a escala nanométrica. Diferentes sustancias fluoradas pueden intervenir como materiales, auxiliares de proceso, membranas, tuberías resistentes o refrigerantes. No todas terminan en el chip, pero forman parte de la cadena que permite producirlo con la pureza y precisión necesarias.
La carrera por aumentar la capacidad de inferencia y entrenamiento multiplica la demanda de aceleradores. Acuerdos como el de Qualcomm y Amazon para diseñar chips de IA propios ilustran hasta qué punto las grandes plataformas buscan asegurar suministro y reducir dependencia. El nuevo informe añade una pregunta: qué sustancias y residuos quedan fuera de la contabilidad habitual cuando se habla del coste de esos chips.
En la refrigeración líquida
Los procesadores de IA concentran mucha potencia y calor. Una opción es la refrigeración por inmersión bifásica: los equipos se sumergen en un fluido de bajo punto de ebullición; el calor lo convierte en vapor, que después se condensa y vuelve al circuito. Algunos fluidos fluorados ofrecen buen aislamiento eléctrico y estabilidad térmica, y sus fabricantes destacan que el sistema puede consumir menos agua y ocupar menos espacio.
El circuito está diseñado para permanecer cerrado, por lo que no equivale a verter directamente el fluido. Sin embargo, fabricación, mantenimiento, fugas, sustitución y tratamiento al final de la vida útil crean puntos de riesgo. También existen sistemas de refrigeración directa al chip con agua y glicol, y otras tecnologías sin PFAS. Por tanto, presentar estas sustancias como inevitables sería incorrecto.
Lo que el informe demuestra y lo que todavía no sabemos
| Cuestión | Qué puede afirmarse | Qué falta por conocer |
|---|---|---|
| Expansión industrial | Varias grandes compañías han anunciado nuevas plantas, productos o aumentos de capacidad. | No existe una cifra pública consolidada del volumen mundial adicional. |
| Peso de la IA | Fabricantes citan centros de datos, chips y demanda de IA entre sus mercados de crecimiento. | No se puede separar con precisión qué porcentaje corresponde exclusivamente a la IA. |
| Riesgo | Determinados PFAS persisten, se acumulan y se asocian a efectos adversos. | La toxicidad, movilidad y exposición varían mucho entre compuestos y usos. |
| Alternativas | Existen refrigerantes y arquitecturas sin PFAS para algunas aplicaciones. | No todas están validadas a la misma escala, coste o rendimiento. |
Esta cautela es importante. ChemSec es una organización que promueve la sustitución de sustancias peligrosas y su informe tiene una finalidad de incidencia regulatoria. La propia metodología reconoce que la industria es opaca: clasifica a las compañías mediante el número de sustancias que producen o importan en la Unión Europea o Estados Unidos y documentación corporativa, pero carece de datos completos de volumen y de determinadas regiones asiáticas.
Eso no invalida los anuncios de expansión, pero impide convertirlos en una estimación exacta del crecimiento de emisiones o exposición. Tampoco conviene tratar los miles de PFAS como si fueran una sustancia única. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos indica que la investigación vincula la exposición a determinados PFAS con efectos adversos, mientras sigue estudiando cómo influyen el compuesto, la dosis y la duración.
Europa afronta una decisión industrial y regulatoria
La cuestión llega mientras Europa estudia una restricción amplia de PFAS y trata de reforzar simultáneamente su autonomía en chips y centros de datos. El dilema no debería reducirse a prohibir todo de inmediato o aceptar cualquier uso considerado estratégico. Una regulación eficaz puede distinguir aplicaciones esenciales sin sustituto disponible, establecer excepciones limitadas en el tiempo y exigir planes verificables de transición.
El coste de aplazar decisiones tampoco es abstracto. La Comisión Europea estimó en enero de 2026 que mantener los niveles actuales de contaminación podría costar unos 440.000 millones de euros a la sociedad europea hasta 2050. El tratamiento del agua contaminada superaría el billón de euros, mientras reducir las emisiones en origen podría ahorrar 110.000 millones. Son estimaciones de escenarios, no una factura atribuible a los centros de datos, pero muestran por qué prevenir puede resultar mucho más barato que limpiar.
La inversión en infraestructura ya está acelerándose. Pangea IA ha analizado proyectos como los centros de datos contratados por OpenAI en Malasia y el despliegue de nuevas capacidades en distintas regiones. Añadir criterios químicos a la evaluación ambiental permitiría comparar proyectos no solo por megavatios, consumo de agua o emisiones de carbono, sino también por los fluidos, materiales y residuos que incorporan.
Qué deberían pedir gobiernos y clientes tecnológicos
- Trazabilidad química: inventarios públicos de PFAS utilizados en fábricas de chips y sistemas de refrigeración, diferenciando producto, auxiliar de proceso y residuo.
- Datos de ciclo de vida: emisiones durante fabricación, transporte, operación, mantenimiento y retirada, no solo eficiencia energética dentro del centro de datos.
- Pruebas comparables: rendimiento, consumo de agua, energía, fugas y coste de alternativas sin PFAS bajo las mismas cargas térmicas.
- Responsabilidad financiera: provisiones para descontaminación y gestión final que eviten trasladar el coste a administraciones y comunidades.
- Excepciones con fecha de salida: cuando no exista sustituto viable, autorización temporal vinculada a investigación y objetivos de reducción medibles.
Para las empresas que compran servicios de nube o IA, el asunto puede incorporarse a los cuestionarios de proveedores. Preguntar por energía renovable ya es habitual; preguntar por refrigerantes, sustancias persistentes y protocolos ante fugas todavía no. No hace falta que una pyme audite una planta química, pero sí puede exigir información ambiental normalizada a sus proveedores principales.
Un impacto menos visible que la electricidad, pero duradero
El debate sobre la sostenibilidad de la IA suele concentrarse en cuánta electricidad consume una consulta o cuánta agua necesita un centro de datos. El informe de ChemSec obliga a ampliar el marco: detrás de cada modelo hay chips, fábricas, refrigerantes, proveedores químicos y residuos. La huella relevante no termina en el contador eléctrico.
La conclusión razonable no es que la IA vaya a provocar por sí sola una oleada cuantificable de contaminación por PFAS; los datos disponibles no permiten afirmarlo. La señal importante es otra: grandes productores están vinculando su expansión a mercados impulsados por la IA justo cuando reguladores y científicos intentan reducir sustancias persistentes. Si la industria espera a disponer de una medición perfecta, parte de la nueva capacidad ya estará construida.
El futuro sostenible de la inteligencia artificial dependerá tanto de modelos más eficientes como de decisiones industriales aparentemente secundarias: qué materiales se emplean, qué alternativas se desarrollan y quién asume el coste si una solución eficiente hoy deja una contaminación que dura generaciones.
Lecturas relacionadas
- Google invertirá 13.000 millones en Finlandia para reforzar la infraestructura de IA en Europa
- La Patagonia argentina atrae megacentros de datos para la carrera de la IA
- Mistral llevará IA al espacio para detectar incendios y vigilar infraestructuras
Fuentes consultadas
- ChemSec: The world’s top 10 PFAS producers, publicado el 13 de septiembre de 2026.
- The Guardian: fabricantes de PFAS y demanda de la industria de IA, publicado el 14 de septiembre de 2026.
- Comisión Europea: costes crecientes de la contaminación por PFAS, 29 de enero de 2026.
- EPA: conocimiento actual sobre riesgos ambientales y para la salud de los PFAS, actualización consultada el 14 de septiembre de 2026.
- Environmental and Energy Study Institute: centros de datos y contaminación por PFAS, 9 de abril de 2026.
Contenido informativo. La relación entre exposición y efectos sobre la salud depende del compuesto, la dosis y la duración; para evaluar riesgos concretos deben consultarse autoridades sanitarias y ambientales competentes.


Respuestas
[…] El impacto ambiental de los chips y centros de datos de IA […]
Me gustaMe gusta
[…] También conviene observar el impacto completo. El consumo durante la inferencia es solo una parte: cuentan la fabricación del chip, la memoria, la refrigeración, la red y el tiempo de utilización. La presión ambiental asociada a la expansión de la infraestructura —incluidos materiales empleados en semiconductores y centros de datos— ya aparece en el debate que analizamos sobre los PFAS y el crecimiento de la IA. […]
Me gustaMe gusta
[…] de la electricidad o el impacto ambiental de los equipos. Pangea IA ha analizado, por ejemplo, la huella de los PFAS utilizados en chips y sistemas de refrigeración. La Ratepayer Protection Act no cubre ese […]
Me gustaMe gusta
[…] La IA abre un nuevo frente ambiental: los PFAS de chips y centros de datos […]
Me gustaMe gusta
[…] plantea problemas terrestres relacionados con los químicos utilizados en chips, como detallamos en nuestro análisis sobre PFAS y centros de datos. Llevar los equipos al espacio cambia la distribución de los impactos, no necesariamente su […]
Me gustaMe gusta