Por Redacción Pangea IA · 22 de septiembre de 2026
Tres de cada cuatro adultos estadounidenses creen que las empresas de inteligencia artificial no están haciendo lo suficiente para evitar daños graves a la sociedad. Es el principal resultado de una encuesta de Reuters/Ipsos publicada este 22 de septiembre. El estudio también registra más opiniones negativas sobre el impacto social de la IA y una mayoría favorable a ralentizar su desarrollo.
Los datos no prueban que la población rechace la tecnología ni permiten trasladar automáticamente las conclusiones a España. Sí muestran algo relevante para reguladores y empresas: la seguridad se ha convertido en una condición para conservar la confianza pública, no en una preocupación limitada a especialistas.
Qué revela la encuesta Reuters/Ipsos
Reuters e Ipsos realizaron el sondeo en línea durante cuatro días y lo cerraron el domingo 20 de septiembre. Participaron 1.277 adultos de Estados Unidos y el margen de error es de aproximadamente tres puntos porcentuales. Estas son las cifras principales:
| Pregunta o indicador | Resultado |
|---|---|
| Las empresas de IA no han hecho lo suficiente para prevenir daños sociales graves | 73 % |
| La IA tiene un efecto negativo en la sociedad | 39 % |
| La IA tiene un efecto positivo en la sociedad | 11 % |
| Ralentizar el desarrollo de la IA sería positivo | 55 % |
| Ralentizarlo sería negativo | 13 % |
| Priorizar un desarrollo seguro y responsable | 73 % |
| Priorizar que Estados Unidos mantenga el liderazgo mundial | 23 % |
El 39 % que atribuye un efecto social negativo a la IA es el porcentaje más alto desde que Reuters/Ipsos empezó a formular esta pregunta en marzo. En agosto era del 36 %. Solo el 11 % identifica un impacto positivo; el resto respondió que no estaba seguro, no contestó o no se inclinó por ninguna de esas dos opciones.
La formulación importa. El sondeo mide percepciones y prioridades, no el riesgo técnico real de un modelo ni la eficacia de una medida concreta. Tampoco pregunta si los participantes dejarían de usar herramientas de IA. Una persona puede encontrar útil un asistente, un traductor o una función de búsqueda y, al mismo tiempo, considerar insuficientes las salvaguardas de la industria.
La preocupación ya no es minoritaria
La encuesta de Reuters/Ipsos encaja con una tendencia más amplia. Un estudio del Pew Research Center publicado el 17 de septiembre, basado en 42.151 entrevistas en 36 países y muestras adicionales en Estados Unidos, concluye que en 34 de 37 países analizados predomina la expectativa de que la IA provoque una pérdida neta de empleo.
Pew también detecta un cambio generacional llamativo en Estados Unidos: entre los adultos de 18 a 34 años, quienes se declaran más preocupados que entusiasmados por la IA pasaron del 40 % en 2024 al 55 % en 2026. En el conjunto de países, la mediana es del 37 % para los más preocupados que entusiasmados y del 41 % para quienes sienten ambas cosas en una proporción parecida.
Los dos estudios no son intercambiables: utilizan muestras, calendarios y preguntas diferentes. Su coincidencia reside en la dirección general. A medida que la IA entra en el trabajo, la educación, los servicios públicos y la información, la conversación pública se desplaza desde “qué puede hacer” hacia “quién responde cuando falla”.
Seguridad no significa detener toda la IA
El dato más fácil de malinterpretar es el 55 % favorable a ralentizar el desarrollo. “Ralentizar” puede significar cosas distintas: retrasar un lanzamiento, exigir una evaluación externa antes de desplegar un sistema de alto riesgo, limitar un uso concreto o frenar toda la investigación. La encuesta no obliga a los participantes a elegir entre esas opciones.
Por eso no sería riguroso convertir el resultado en un mandato para paralizar el sector. Sí permite afirmar que la velocidad, por sí sola, no convence a la mayoría encuestada. Cuando se les plantea una elección directa, el 73 % prefiere un desarrollo seguro y responsable y el 23 % da prioridad al liderazgo de Estados Unidos frente a otros países.
Ese dilema ya aparece en el debate político. Pangea IA analizó cómo la Casa Blanca vincula la carrera de la IA con la competencia frente a China, mientras líderes del sector reclaman mecanismos de control antes de que los sistemas sean mucho más capaces. La nueva encuesta sugiere que el argumento competitivo tiene límites cuando se enfrenta a la percepción de riesgo.
La autorregulación pierde fuerza
Una mayoría de los participantes atribuye al Gobierno federal un papel importante en la definición de normas de seguridad. Este resultado afecta a una de las preguntas centrales de la industria: si bastan los compromisos voluntarios de los fabricantes o hacen falta obligaciones verificables.
Los compromisos corporativos tienen ventajas. Pueden adaptarse rápido, incorporar conocimiento técnico y cubrir un producto antes de que termine un proceso legislativo. Su debilidad es la falta de comparabilidad. Cada empresa puede definir “seguridad”, “incidente grave” o “evaluación externa” de manera diferente, y el público tiene pocas herramientas para saber qué pruebas se realizaron y qué fallos se encontraron.
La confianza exige evidencias observables. Entre ellas caben evaluaciones independientes, informes de incidentes, documentación sobre limitaciones, vías de reclamación, auditorías para usos de alto riesgo y una explicación clara de quién puede detener un sistema. El debate sobre la petición de frenar la carrera de la IA mostró que incluso los propios líderes tecnológicos discrepan sobre el calendario y el mecanismo adecuado.
Qué cambia para las empresas que usan IA
La lectura empresarial no debería limitarse a “habrá más regulación”. Una organización que incorpora IA en atención al cliente, selección de personal, concesión de crédito o decisiones internas hereda parte del riesgo reputacional del proveedor, aunque no haya entrenado el modelo.
Para una pyme, la respuesta práctica puede resumirse en cinco medidas:
- Inventariar los usos. Saber qué herramientas utilizan los equipos, con qué datos y para qué decisiones.
- Clasificar el impacto. No requiere el mismo control un borrador publicitario que un sistema que ordena candidaturas laborales.
- Mantener supervisión humana. La persona responsable debe poder revisar, corregir y detener el resultado cuando afecte a derechos o clientes.
- Exigir documentación al proveedor. Conviene conocer límites, retención de datos, subencargados, evaluaciones y procedimiento ante incidentes.
- Comunicar sin exageraciones. Explicar dónde interviene la IA, qué hace y cómo puede reclamarse reduce más incertidumbre que una promesa genérica de “IA responsable”.
Estas medidas no eliminan el riesgo ni sustituyen una evaluación jurídica, pero permiten pasar de una política abstracta a controles concretos. También ayudan a distinguir entre aplicaciones de baja relevancia y decisiones que necesitan pruebas, registro y responsabilidad.
También conviene medir la confianza con indicadores operativos: porcentaje de decisiones revisadas, reclamaciones resueltas, falsos positivos, tiempo de respuesta ante incidentes y número de usuarios informados. Publicar métricas comparables permite detectar si una mejora anunciada funciona en la práctica. En cambio, una política que solo enumera principios no permite a clientes, trabajadores o supervisores evaluar el resultado.
Para los proveedores, esto implica asumir que el rendimiento y la seguridad forman parte del mismo producto. Un modelo más capaz puede ser menos útil si obliga al cliente a añadir controles costosos o si no explica cuándo falla. La empresa compradora debe valorar el coste total de supervisión, no únicamente la tarifa de uso o la velocidad de respuesta.
Qué puede aprender España sin copiar el resultado
La encuesta solo representa a adultos de Estados Unidos. No permite afirmar que el 73 % de los españoles piense lo mismo. El informe internacional de Pew sí incluye a España dentro de su muestra global, pero la comparación detallada depende de cada pregunta y de los datos nacionales publicados.
La señal útil para España y la Unión Europea es más general: la adopción no garantiza aceptación social. El Reglamento europeo de IA crea obligaciones según el nivel de riesgo y exige mayor transparencia en determinados sistemas. Su aplicación será juzgada no solo por el cumplimiento formal, sino por la capacidad de prevenir daños y resolverlos cuando ocurran.
El plan IA360 presentado por el Gobierno español combina adopción, empleo, formación y supervisión. La encuesta estadounidense sirve como advertencia: acelerar el uso empresarial sin explicar salvaguardas puede ampliar la distancia entre los beneficios prometidos y la confianza ciudadana.
Una prueba de confianza, no un veredicto definitivo
Los resultados de Reuters/Ipsos no predicen una catástrofe ni prueban que la IA tenga un balance social negativo. Describen una percepción: una amplia mayoría de los encuestados considera que las empresas todavía no han demostrado suficiente capacidad para prevenir daños graves.
La respuesta más sólida no consiste en negar esa preocupación ni en prometer riesgo cero. Consiste en publicar pruebas comprensibles, someter los sistemas más sensibles a controles externos, explicar los incidentes y establecer responsables. Si las empresas quieren que la sociedad acepte un desarrollo rápido, tendrán que mostrar que la seguridad puede medirse y no solo declararse.
Lecturas relacionadas
Fuentes consultadas
- Reuters: encuesta sobre seguridad, regulación y percepción social de la IA (publicada y consultada el 22 de septiembre de 2026).
- Pew Research Center: expectativas internacionales sobre IA y empleo (publicado el 17 de septiembre; consultado el 22 de septiembre de 2026).


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