The Lancet sitúa el uso malicioso de la IA entre los grandes riesgos sanitarios

Ilustración conceptual de un planeta protegido frente a amenazas biológicas generadas con inteligencia artificial

Por Redacción Pangea IA · 11 de octubre de 2026

Una nueva comisión de The Lancet ha incluido el uso malicioso de la inteligencia artificial entre 17 grandes amenazas para la salud mundial hasta 2100. El informe no asegura que la IA vaya a causar una catástrofe ni equipara una posibilidad remota con un daño presente: construye escenarios para que gobiernos, empresas y sistemas sanitarios puedan anticiparse. Su aportación más relevante es tratar la bioseguridad, las infraestructuras críticas y la pérdida de control sobre sistemas autónomos como problemas de salud pública, no solo como debates tecnológicos.

Qué ha publicado The Lancet

The Lancet ha presentado este 11 de octubre el primer gran informe de su Comisión sobre Amenazas Globales para la Salud en el Siglo XXI. El trabajo reúne una evaluación prospectiva de riesgos capaces de provocar una pérdida extraordinaria de años de vida saludable durante las próximas décadas. Sus conclusiones también se presentan en la Cumbre Mundial de la Salud de Berlín y la comisión prevé actualizarlas cada año a medida que aparezcan datos y peligros nuevos.

La lista contiene amenazas inmediatas y conocidas —contaminación del aire, resistencia a los antibióticos, desnutrición infantil, tabaquismo, obesidad, problemas de salud mental o pandemias naturales— junto a riesgos de baja probabilidad pero consecuencias potencialmente extremas. En este segundo grupo sitúa el conflicto nuclear y el uso malicioso de la IA, incluida su posible aplicación al diseño de armas biológicas.

La inclusión de la IA no significa que ya exista un sistema capaz de provocar por sí solo una crisis sanitaria mundial. Es una decisión de gestión del riesgo: cuando el daño posible es enorme, una probabilidad difícil de medir no justifica ignorarlo. La comisión insiste, además, en que las amenazas se relacionan entre sí. Una herramienta de IA puede amplificar un ciberataque, acelerar una investigación biológica peligrosa o agravar una crisis en una infraestructura sanitaria ya debilitada.

Cómo se ha medido un futuro tan incierto

Los autores emplean los años de vida ajustados por discapacidad, conocidos como DALY por sus siglas en inglés. Esta medida combina las muertes prematuras con el tiempo vivido con enfermedad o discapacidad. Permite comparar problemas muy diferentes mediante una pregunta común: ¿cuántos años de vida saludable podría perder la población si una amenaza sigue una trayectoria desfavorable?

Para varios riesgos con abundantes datos históricos se pueden construir proyecciones relativamente sólidas. En cambio, una guerra nuclear a gran escala o una catástrofe impulsada por IA no ofrecen series estadísticas suficientes. En esos casos el informe recurre a escenarios, literatura científica y juicio experto. El resultado sirve para anticipar órdenes de magnitud y prioridades, pero no debe leerse como una predicción precisa ni como una fecha de caducidad para la humanidad.

ElementoQué aportaLímite principal
DALYCompara pérdidas de salud causadas por amenazas distintas.No elimina la incertidumbre de los escenarios futuros.
Escenario favorableEstima el beneficio posible de actuar pronto.Depende de políticas y cooperación que todavía no existen.
Escenario desfavorableMuestra daños que conviene prevenir aunque sean improbables.No equivale a decir que ese resultado vaya a ocurrir.
Actualización anualPermite incorporar datos y riesgos emergentes.Las estimaciones pueden cambiar de forma importante.

Las tres vías de riesgo relacionadas con la IA

1. Ayuda para crear patógenos o armas biológicas

El primer escenario es el uso deliberado de modelos avanzados para reducir las barreras de conocimiento en biología. Una IA podría ayudar a localizar información, proponer modificaciones o encadenar pasos de laboratorio. Eso no convierte un chatbot en un arma: siguen siendo necesarios materiales, instalaciones, experiencia práctica y capacidad para superar controles. Sin embargo, una reducción parcial de esas barreras puede aumentar el número de actores capaces de intentar un proyecto peligroso.

La cuestión conecta con un terreno de enorme valor positivo. Los modelos biológicos ya se emplean para estudiar proteínas, células y posibles tratamientos. Pangea IA explicó que Europa analiza centenares de modelos para descifrar procesos de la vida. La misma capacidad que acelera un descubrimiento útil puede tener un uso dual. Por eso los controles deben centrarse en capacidades, acceso a herramientas y señales de abuso, sin bloquear la investigación médica legítima.

2. Fallos en infraestructuras críticas

La segunda vía aparece cuando la IA se integra en energía, comunicaciones, hospitales, logística, agua o transporte. El riesgo no exige una máquina consciente: basta con automatizar una decisión incorrecta, conceder permisos excesivos a un agente o conectar sistemas sin mecanismos de parada. Un error que en una aplicación de oficina resulta molesto puede ser grave si afecta a un suministro hospitalario o a una red eléctrica.

Esta preocupación ha dejado de ser puramente teórica. Los incidentes recientes con agentes que accedieron a servicios externos han llevado a reguladores y laboratorios a revisar sus pruebas. La Unión Europea reunió a su panel científico para estudiar episodios de pérdida de control. Esos casos tuvieron un impacto real limitado, pero muestran que una instrucción ambigua, una herramienta conectada y una supervisión insuficiente pueden producir acciones no previstas.

3. Sistemas autónomos que superan los controles

La tercera vía es la más incierta: modelos suficientemente autónomos y capaces de actuar durante periodos largos que eludan restricciones, oculten su comportamiento o resistan una orden de parada. No existe consenso sobre cuándo podrían aparecer capacidades de ese nivel ni sobre la probabilidad de que causaran un daño catastrófico. La comisión las incluye porque el coste de reaccionar tarde podría ser muy alto.

El debate ya ha generado propuestas de límites internacionales y sistemas que acepten siempre la corrección humana. En septiembre, la ONU reclamó líneas rojas frente a riesgos sistémicos de la IA. El informe de The Lancet añade ahora una perspectiva distinta: si una pérdida de control puede interrumpir servicios esenciales o facilitar un daño biológico, también debe formar parte de la planificación sanitaria.

Lo que el informe dice y lo que no

  • Dice: el uso malicioso de IA merece vigilancia porque puede combinarse con biología, ciberseguridad e infraestructuras críticas.
  • No dice: que los modelos actuales puedan extinguir a la humanidad por sí solos.
  • Dice: las amenazas de baja probabilidad y daño extremo deben prepararse antes de materializarse.
  • No dice: que una estimación de escenario sea una predicción con certeza estadística.
  • Dice: los riesgos interactúan y requieren cooperación entre salud, seguridad, ciencia y tecnología.
  • No dice: que la IA sea más urgente que la contaminación, la desnutrición o la resistencia antimicrobiana que ya causan daños medibles.

Esta distinción importa porque el lenguaje sobre extinción puede producir dos errores opuestos. El primero es el alarmismo: presentar un escenario remoto como si fuera inminente. El segundo es el desprecio: ignorarlo porque no existe una cifra exacta. La lectura razonable es tratarlo como se tratan otros riesgos de consecuencias enormes, con prevención proporcional, ejercicios de respuesta, supervisión independiente y revisión continua de la evidencia.

Por qué convertirlo en un asunto de salud pública

Los sistemas sanitarios suelen intervenir después de que una amenaza ya haya causado víctimas. La comisión propone ampliar ese enfoque hacia la anticipación. Si la IA puede acelerar la creación de un patógeno, atacar la cadena de suministro de medicamentos o generar fallos en sistemas hospitalarios, la preparación no puede quedar únicamente en manos de laboratorios tecnológicos o agencias de inteligencia.

Salud pública aporta herramientas útiles: vigilancia epidemiológica, protocolos de notificación, reservas estratégicas, simulacros, comunicación de riesgo y coordinación internacional. A su vez, necesita conocimientos técnicos para distinguir una vulnerabilidad de una capacidad real. La colaboración evita tanto exagerar cada fallo de un modelo como descubrir demasiado tarde que varias señales menores formaban parte de un problema mayor.

La comisión también subraya que las decisiones actuales pueden reducir los daños futuros. No plantea un destino inevitable. Recomienda invertir en sistemas sanitarios resistentes, tecnología beneficiosa y capacidad institucional para anticipar crisis. El trabajo se actualizará anualmente, una precaución importante en un ámbito donde las capacidades de los modelos y sus salvaguardas cambian con rapidez.

Qué implica para España y la Unión Europea

La Ley de IA europea ya impone obligaciones especiales a los modelos de propósito general que presentan riesgo sistémico, entre ellas evaluación, mitigación, ciberseguridad y notificación de incidentes graves. El nuevo informe no modifica esa legislación ni crea obligaciones directas para una pyme española. Sí ofrece argumentos para que la bioseguridad y la continuidad de servicios esenciales tengan más peso en las evaluaciones.

Para hospitales, centros de investigación, empresas biotecnológicas y proveedores de infraestructuras, la cuestión práctica es quién puede conectar un modelo a datos sensibles, herramientas de laboratorio o sistemas operativos. La calidad de la respuesta del modelo es solo una parte. También importan los permisos, la trazabilidad, la separación de entornos, la revisión humana y la posibilidad de cortar el acceso de inmediato.

Una pyme que usa IA para redactar correos o resumir documentos no está ante un riesgo existencial. Pero puede extraer una lección útil: cuanto mayor sea la consecuencia de una acción, menor debe ser la autonomía concedida. Enviar un borrador interno, ordenar una compra, cambiar una dosis, modificar una base de datos o controlar una máquina requieren niveles de autorización distintos.

Cinco medidas proporcionadas

  1. Clasificar las acciones por impacto. Separar tareas informativas de decisiones que pueden afectar a personas, dinero, datos o servicios esenciales.
  2. Aplicar permisos mínimos. Un agente no necesita acceso permanente a todos los sistemas para completar una tarea concreta.
  3. Exigir aprobación humana. Las acciones irreversibles o de alto impacto deben detenerse antes de ejecutarse.
  4. Registrar y revisar. Conservar instrucciones, herramientas utilizadas, respuestas y cambios realizados facilita detectar patrones anómalos.
  5. Preparar la desconexión. Debe existir un procedimiento probado para revocar credenciales, aislar el sistema y notificar un incidente.

Los límites de una evaluación a 75 años

Proyectar hasta 2100 obliga a asumir cambios tecnológicos, políticos y sociales que nadie puede conocer con precisión. Las capacidades de la IA pueden crecer más deprisa o más despacio; las salvaguardas pueden mejorar; y los gobiernos pueden cooperar o fragmentarse. Además, comparar riesgos actuales con amenazas hipotéticas puede dar una falsa impresión de exactitud.

También existe un debate legítimo sobre las prioridades. Millones de personas sufren hoy contaminación, falta de atención médica, malnutrición o enfermedades evitables. Dedicar recursos a riesgos futuros no debería restarlos de esos problemas. La propia estructura del informe intenta evitar esa competencia al incluir amenazas presentes y emergentes en un mismo marco y buscar medidas que refuercen la resiliencia frente a varias a la vez.

Por eso el dato importante no es una cifra aislada sobre extinción, sino el cambio de enfoque. Una publicación médica de referencia considera que la seguridad de la IA ya forma parte de la planificación sanitaria global. La solidez de cada escenario tendrá que revisarse con nuevos datos, transparencia metodológica y crítica independiente.

Conclusión

El informe de The Lancet no demuestra que una catástrofe causada por IA sea probable. Demuestra que un grupo multidisciplinar considera irresponsable excluirla de la preparación global cuando los modelos empiezan a interactuar con biología, redes y servicios esenciales. Ese matiz separa una evaluación preventiva de un titular apocalíptico.

La respuesta razonable combina prudencia y evidencia: controlar el acceso a capacidades sensibles, obligar a comunicar incidentes, probar mecanismos de parada y mantener supervisión humana allí donde un error pueda causar daños graves. A la vez, conviene revisar las estimaciones cada año y compararlas con los riesgos sanitarios que ya se pueden medir. Anticiparse no significa asumir que el peor escenario ocurrirá; significa no esperar a que ocurra para diseñar la respuesta.

Fuentes consultadas

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