Por Redacción Pangea IA · 1 de septiembre de 2026
OpenAI se prepara para dar el salto más importante de su historia fuera del software. La compañía que convirtió ChatGPT en un producto de uso masivo está desarrollando junto a Jony Ive, el histórico responsable de diseño del iPhone, una familia de dispositivos pensados desde el principio para convivir con la inteligencia artificial. El primero apunta a 2027 y, según las informaciones más recientes, no será un teléfono, unos auriculares ni unas gafas.
Todo indica que será un pequeño dispositivo portátil para el hogar, sin pantalla y capaz de escuchar, ver y comprender el contexto que lo rodea. La idea no consiste simplemente en meter ChatGPT dentro de un altavoz. OpenAI quiere crear una interfaz que esté disponible de forma continua, recuerde lo importante y pueda actuar sin obligarnos a abrir una aplicación cada vez. La pregunta es inevitable: si la IA puede acompañarnos mediante la voz, la cámara y los sensores, ¿seguiremos necesitando sacar el móvil del bolsillo para todo?
Jony Ive no ha sido contratado como un empleado de OpenAI
Conviene empezar aclarando una confusión habitual. OpenAI no se limitó a fichar a un antiguo diseñador de Apple. En mayo de 2025 anunció la compra de io Products, la empresa de hardware fundada por Jony Ive junto a Scott Cannon, Evans Hankey y Tang Tan, en una operación valorada en unos 6.500 millones de dólares.
El equipo de io terminó integrándose en OpenAI en julio de 2025. Sin embargo, OpenAI explica en su comunicación oficial que Ive y su estudio LoveFrom continúan siendo independientes, aunque han asumido amplias responsabilidades creativas y de diseño dentro de los proyectos de la compañía. Es una colaboración más profunda que un contrato convencional y también una de las mayores apuestas realizadas hasta ahora por OpenAI.
La relevancia de Ive no reside únicamente en haber dibujado productos atractivos. Durante su etapa en Apple participó en la creación del lenguaje físico del iMac, el iPod, el iPhone y el Apple Watch. OpenAI busca precisamente eso: encontrar una forma de utilizar la IA que no parezca una aplicación añadida a un aparato creado para otra época.
¿Qué dispositivo está creando realmente OpenAI?
OpenAI no ha enseñado el producto ni ha publicado sus especificaciones. Por tanto, cualquier descripción debe presentarse como información periodística todavía no confirmada oficialmente. Lo más sólido procede de varias informaciones coincidentes de Bloomberg, Reuters, The Information y documentos judiciales relacionados con el antiguo nombre io.
En julio, Reuters recogió la información de Bloomberg de que el primer producto será una especie de altavoz inteligente portátil, sin pantalla y diseñado para actuar como un compañero de IA dentro del hogar. Incluiría cámara, micrófonos y otros sensores para interpretar el entorno, reconocer el contexto y responder con modelos más avanzados que los asistentes domésticos tradicionales.
Una filtración posterior, publicada en agosto, lo describe como un objeto con batería, forma circular o de dónut y un tamaño aproximado al de un disco de hockey. También podría incorporar luces y piezas móviles para expresar de manera visible cuándo está atendiendo o respondiendo. The Verge sitúa su precio por encima de los 300 dólares, aunque ni el diseño, ni el nombre, ni el precio pueden considerarse definitivos.
En la práctica podría controlar aparatos del hogar, reproducir contenido, responder preguntas, gestionar mensajes y ejecutar tareas mediante ChatGPT. La diferencia decisiva sería su capacidad para entender qué está ocurriendo sin que el usuario tenga que explicarle desde cero la situación en cada consulta. No sería únicamente un aparato al que se le habla, sino una IA que conserva contexto y decide cuándo intervenir.
¿Cuándo llegará el dispositivo de OpenAI?
OpenAI llegó a señalar la segunda mitad de 2026 como el periodo más probable para presentar su primer dispositivo. Chris Lehane, responsable de asuntos globales de la empresa, dijo en enero que el proyecto estaba encaminado hacia un anuncio durante la parte final del año, aunque evitó asegurar que también se pondría a la venta en 2026.
La fecha comercial es más clara. Una declaración judicial posterior indicó que el primer producto no se enviaría a clientes antes de finales de febrero de 2027. Las informaciones publicadas durante el verano mantienen 2027 como ventana de lanzamiento. La respuesta prudente, por tanto, es que OpenAI podría mostrarlo antes de terminar 2026, pero no deberíamos esperar poder comprarlo hasta 2027.
Tampoco existe todavía un nombre oficial. OpenAI decidió abandonar la marca io para sus productos después de un conflicto de propiedad intelectual con la empresa de audio iyO. La compañía afirmó que revelará una denominación nueva más adelante. Este cambio refuerza la idea de que el producto continúa en desarrollo y que todavía puede experimentar modificaciones relevantes.
No será un auricular ni unas gafas, al menos en la primera generación
Las primeras especulaciones apuntaron a un pin, unos auriculares o unas gafas. Sin embargo, responsables del proyecto declararon en documentos judiciales que el primer prototipo comercial no era un dispositivo para introducir en el oído ni un producto vestible. Las filtraciones más recientes encajan con esa declaración: el primer aparato estaría pensado para moverse por la casa y colocarse sobre una mesa, no para llevarlo permanentemente en el cuerpo.
Eso no significa que OpenAI haya descartado los wearables. Reuters informó en febrero de que más de 200 personas trabajaban en una familia de productos que podría incluir posteriormente unas gafas inteligentes y una lámpara con IA. Las gafas, según esa información, difícilmente estarían preparadas para fabricarse a gran escala antes de 2028. OpenAI no ha confirmado esos planes.
AirPods y gafas Meta: la IA que ya llevamos encima
Aunque el primer aparato de OpenAI no vaya a ser vestible, el mercado ya está probando dos caminos muy claros. El primero es el oído. Los auriculares pueden escuchar nuestras órdenes, responder de forma privada y permanecer disponibles durante horas sin añadir otro objeto visible. Apple ya utiliza Apple Intelligence para ofrecer traducción en tiempo real mediante modelos como los AirPods 4 con cancelación activa de ruido y los AirPods Pro 3.
Los AirPods muestran tanto el potencial como el límite actual de este formato. Permiten interactuar sin mirar una pantalla, pero la inteligencia, la conexión y buena parte del procesamiento siguen dependiendo de un iPhone compatible. El auricular funciona como interfaz; el teléfono continúa actuando como centro de operaciones. Para quien esté valorando ambos modelos, en Pangea IA hemos publicado una comparativa entre los AirPods 4 y los AirPods Pro 3.
El segundo camino son las gafas. Meta ya comercializa las Ray-Ban Meta Wayfarer (Gen 2), con cámara, altavoces abiertos, micrófonos y Meta AI. Pueden identificar lo que ve el usuario, capturar imágenes, traducir conversaciones y responder preguntas con las manos libres. La propia Meta afirma que sus Ray-Ban Meta han vendido millones de unidades, una señal de que la IA vestible funciona mejor cuando se integra en un objeto que la gente ya estaba acostumbrada a utilizar.
Las gafas tienen una ventaja que los auriculares no pueden igualar: la IA puede ver lo mismo que nosotros. También introducen un problema mayor de aceptación social y privacidad, porque las personas que están delante necesitan saber con claridad cuándo funciona la cámara y qué información se está procesando.
¿Acabaremos llevando nuestra IA encima todo el día?
Probablemente sí, pero no necesariamente dentro de un único aparato. La evolución más razonable es una inteligencia distribuida entre varios dispositivos. Los auriculares aportarán una conversación privada; las gafas, visión y datos superpuestos; el reloj, identidad y señales de salud; el coche, movilidad; y un dispositivo doméstico como el de OpenAI podría mantener el contexto dentro de casa.
La IA personal no estará definida tanto por su carcasa como por su capacidad para reconocernos y continuar una tarea al cambiar de entorno. Una conversación iniciada en casa podría seguir en los auriculares al salir, aparecer como una indicación breve en las gafas y terminar en una pantalla cuando sea necesario revisar un documento. El verdadero producto sería la continuidad de la inteligencia; los aparatos serían sus diferentes puntos de acceso.
Este modelo explica por qué OpenAI habla de una familia de dispositivos y no únicamente de un sustituto del teléfono. También evita uno de los errores cometidos por algunos primeros productos de IA: intentar eliminar de golpe una pantalla que sigue siendo muy útil para leer, comparar, confirmar y corregir.
¿Puede la IA sustituir al móvil?
A corto plazo, no. El teléfono reúne en un solo objeto una pantalla de alta calidad, cámaras, conexión permanente, pagos, identificación biométrica, navegación, millones de aplicaciones y una batería razonable. Un asistente basado únicamente en voz puede ser más rápido para pedir una acción, pero resulta peor para comprobar una factura, elegir entre varios hoteles, editar una fotografía o revisar exactamente qué va a comprarse.
Lo que sí puede cambiar es nuestra relación con el móvil. En lugar de abrir aplicaciones y recorrer menús, pediremos un resultado: “encuentra el tren que me conviene, avisa de que llegaré tarde y prepara el billete”. La IA podrá coordinar los pasos y recurrir a la pantalla únicamente cuando necesite una confirmación. El móvil seguiría existiendo, pero pasaría más tiempo en el bolsillo funcionando como ordenador, conexión e identidad digital.
Los propios AirPods ilustran esta transición. La traducción en tiempo real permite escuchar una conversación sin mirar constantemente el teléfono, pero el iPhone sigue ejecutando el proceso y mostrando la transcripción cuando hace falta. No es todavía la desaparición del móvil; es el comienzo de su transformación en una infraestructura menos visible.
El desafío principal será la confianza
Un asistente realmente útil necesita contexto. Debe saber quién habla, qué hay en la habitación, qué compromisos tiene el usuario y qué información merece una interrupción. Esa misma capacidad convierte la privacidad en el mayor riesgo del proyecto. Un dispositivo con cámara y micrófonos que permanece disponible dentro del hogar puede resultar más íntimo que cualquier teléfono.
Para ganarse la confianza tendrá que mostrar de forma inequívoca cuándo está observando o escuchando, ofrecer controles físicos para desconectar los sensores y procesar localmente tanta información como sea posible. Reuters informó de que OpenAI estudia modelos pequeños y chips orientados al procesamiento en el propio dispositivo, precisamente para evitar que toda la vida cotidiana tenga que enviarse constantemente a la nube.
También deberá aprender a callarse. Una IA que interrumpe, interpreta mal una conversación o actúa sin permiso puede convertirse rápidamente en una molestia. El éxito no dependerá solo de que comprenda más, sino de que sepa cuándo preguntar, cuándo pedir confirmación y cuándo no hacer nada.
Por qué OpenAI necesita su propio dispositivo
Actualmente ChatGPT vive principalmente dentro de plataformas controladas por otras compañías. Apple y Google deciden las reglas de iOS y Android, gestionan las tiendas de aplicaciones y poseen la relación directa con el hardware. Meta intenta reducir esa dependencia mediante sus gafas. OpenAI persigue el mismo objetivo: controlar la experiencia completa, desde el modelo de IA hasta el objeto con el que habla el usuario.
Si el proyecto funciona, OpenAI podría crear una categoría propia y establecer a ChatGPT como sistema de interacción cotidiano, no solo como servicio al que se accede desde una aplicación. Pero el hardware es mucho menos indulgente que el software: exige fabricar millones de unidades, gestionar reparaciones, cumplir normas de privacidad y convencer al público de que necesita llevar o colocar otro aparato en su vida.
Los intentos anteriores demuestran que tener una buena IA no basta. El Humane AI Pin aspiró a reducir la dependencia del teléfono, pero su precio, autonomía, lentitud y ausencia de pantalla limitaron su utilidad. OpenAI cuenta con una tecnología más avanzada, una base enorme de usuarios y el equipo de Jony Ive, pero deberá resolver los mismos problemas fundamentales.
El móvil no desaparecerá en 2027, pero puede empezar a perder protagonismo
El primer dispositivo de OpenAI parece más un experimento para encontrar la interfaz adecuada que un reemplazo inmediato del smartphone. Un pequeño compañero doméstico sin pantalla puede enseñar a la compañía cómo se comportan las personas cuando la IA está siempre disponible, cómo debe utilizar el contexto y qué límites necesita.
La sustitución real llegará, si llega, mediante una suma de dispositivos discretos. Los auriculares ya trasladan la voz y la traducción fuera de la pantalla. Las gafas añaden visión. Los relojes aportan identidad y datos personales. El producto de OpenAI podría añadir memoria, contexto y capacidad de actuar. Cuando estas piezas funcionen juntas, el teléfono quizá deje de ser el centro visible de nuestra vida digital.
Por eso la pregunta más interesante no es si OpenAI presentará un altavoz mejor que los actuales. Es si Jony Ive y Sam Altman lograrán diseñar el primer objeto que haga que hablar con una IA resulte más natural que abrir una aplicación. Si lo consiguen, el móvil no desaparecerá de un día para otro, pero 2027 podría marcar el momento en que empezó a convertirse en invisible.
Fuentes consultadas
- OpenAI: carta de Sam Altman y Jony Ive sobre la integración de io.
- Reuters: el primer dispositivo sería un altavoz portátil sin pantalla.
- The Verge: nuevos detalles sobre tamaño, diseño y posible precio.
- Wired: calendario comercial y abandono de la marca io.
- Reuters: familia de dispositivos y posible desarrollo de gafas.
- Apple: traducción en tiempo real con AirPods en la Unión Europea.
- Meta: funciones y adopción de las Ray-Ban Meta de segunda generación.
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